Artículos / Historia íntima de la psoriasis

Hasta hace muy poco tiempo, se definía a la psoriasis como una enfermedad crónica de la piel que podía comprometer las articulaciones (definición simplista y superficial). Ahora pues, es así como se ha formado históricamente a los alumnos de medicina y luego a los especialistas dermatólogos (sin profundizar). Para comprobar esto basta revisar los libros que hacen referencia a esta patología y leer sus pobres definiciones. Esta no es una crítica a los otros, sino que también quedo involucrado y lamentablemente estos eran los paradigmas establecidos.

Por fortuna, estos paradigmas, fueron corridos en otra dirección, generando nuevos conceptos de enfermedad desde una perspectiva integral (soma – psique) del individuo (antes 99% organicista) y con una mirada de integración social (individuo y entorno), es decir, la enfermedad del paciente con todo el compromiso que le genera en lo personal y las alteraciones derivadas en el entorno, sea familiar, amistades, laboral y relaciones sociales en general.

Esto generó la posibilidad de ayudar a los pacientes a través de tratamientos psicológicos que complementaban la labor del dermatólogo y se capitalizó en un mayor bienestar para el enfermo. Fue un paso.

En los últimos años el concepto de esta enfermedad se amplio aún más desde lo organicista y se redefinió a la "psoriasis como una enfermedad sistémica".

Esto cambió, una vez más, la posición de las personas involucradas en esta situación, sea el paciente, el médico y el enfoque terapéutico, que de la mano de la investigación generada en la industria farmacéutica, iba a revolucionar este escenario.

El concepto de enfermedad sistémica ha quedado abalado por los ensayos científicos que demostraron que la piel y las articulaciones son solo la punta del iceberg.

La alteración básica se produce en el sistema inmunitario (órgano de defensa), más precisamente en los linfocitos (células del sistema inmune) y en las vías de producción de diferentes sustancias mediadoras. Estos cambios determinan respuestas inflamatorias en diferentes órganos del cuerpo, como la piel, las articulaciones y hoy se asocian otros daños ocasionados que se acuñaron bajo el concepto de comorbilidades.

El paciente posiblemente fue el primero en entender que su enfermedad iba más allá de la piel (era lógico, él la padecía). Las investigaciones le indicaban al médico que debía tener una mirada aún más general del paciente, buscando asociaciones con otras alteraciones, como diabetes, dislipemias, hipercolesterolemia, obesidad, hipertensión arterial e infarto de miocardio.

Comenzó a partir de allí una medicina diferente, donde el rol del dermatólogo fue el que alguna vez había tenido el médico de cabecera; pero en esta oportunidad, ese rol es puntual y dirigido, súper especializado en una patología, la psoriasis.

El dermatólogo conociendo el genio de esta enfermedad, de evolución crónica e impredecible, tomó la responsabilidad de ampliar su conocimiento modificando sus propios paradigmas y trabajando en forma interdisciplinaria, es decir, dirigiendo el tratamiento del paciente con psoriasis e interconsultando con un equipo de salud, al que se agregaron especialistas en trastornos metabólicos, nutrición y cardiopatías.
El endocrinólogo hoy trabaja al lado del dermatólogo en lo que concierne a psoriasis.
La psoriasis y el síndrome metabólico asociados deben ser tratados en forma conjunta y los resultados son excelentes.

Sin perder el rumbo conceptual de ver a la psoriasis como una enfermedad sistémica y crónica, se comprobó por medio de estudios basados en evidencias que la psicoterapia cumplía un rol fundamental. Los pacientes con psoriasis presentan diferentes síntomas depresivos, aislamiento, deterioro de la autoestima y en un porcentaje significativo ideas suicidas.
Psicoterapeutas especializados en terapias breves y focalizadas con amplia experiencia en psoriasis hoy son parte de este equipo de salud.

Acordado el concepto de psoriasis como enfermedad sistémica crónica que afecta la piel, las articulaciones, las faneras, la psiquis, y que puede asociarse a trastornos como el síndrome metabólico y a una mayor prevalencia de infarto de miocardio, surgieron las siguientes preguntas:

  • ¿Por qué tratar la piel aisladamente de las otras alteraciones relacionadas, de acuerdo a este nuevo concepto unificador de inflamación sistémica y su representación somática?
  • ¿Por qué correr detrás de la sintomatología, llegando a eritrodermias inmanejables, con toda la piel dañada con enrojecimiento y escamas?
  • ¿Por qué la artritis debía ser tratada por reumatólogos en forma independiente, si nuestro enemigo común era la misma enfermedad?
  • ¿Por qué el paciente atendía diferentes síntomas de una misma enfermedad en diferentes consultorios, perdiendo tiempo él y los médicos la perspectiva?

Quizás la respuesta vino de la mano de los nuevos tratamientos, donde tuvo un rol fundamental la industria farmacéutica.
Estos nuevos tratamientos para la psoriasis y los que se vienen, van en camino de acercarse al concepto de medicamento ideal.
Este concepto se basa en atributos como la especificidad, seguridad y eficacia.

En esta nueva medicina aparece otro concepto que es el costo, sin duda un ítem fundamental en la vida cotidiana y sobre todo frente al padecimiento de una enfermedad crónica.
El costo de esta nueva medicina debe ser tratado y solucionado por entidades de la salud dependientes del Ministerio de Salud de la Nación, que son quienes saben y tienen los recursos para saciar este derecho inapelable de la población que así lo requiere.
Seguros de salud, obras sociales y prepagos
hacen los esfuerzos necesarios para adaptarse a esta nueva medicina y esto permitirá cerrar este círculo virtuoso.

Para acercarnos a los conceptos de medicina ideal y círculo virtuoso hemos desarrollado un nuevo concepto en la atención médica de psoriasis.