Dermatología

La dermatología es una especialidad médica; por ello, para obtener el título de dermatólogo, es menester haberse graduado de médico previamente.
Esta especialidad trata todas las enfermedades de la piel (incluyendo también las uñas y el pelo), muchas de las cuáles no sólo se limitan al órgano cutáneo, sino que se manifiestan además en otros órganos del cuerpo (articulaciones, aparato digestivo, aparato respiratorio, endócrino, neurológico, etc.). En estos casos el dermatólogo trabajará en forma conjunta con el especialista correspondiente.

La piel es un órgano con múltiples funciones, como protección, sostén, mantenimiento de la temperatura corporal, eliminación de sustancias y absorción de otras. Es la piel la responsable de la absorción de los rayos ultravioletas, facilitando la formación de vitamina D y consecuentemente la absorción de calcio, fundamental para el desarrollo del ser humano. Es también un órgano inmunológico por excelencia, que de sufrir alteración de esta función, puede presentar enfermedades inflamatorias y oncológicas de diferente severidad, con compromiso de la calidad de vida y en el peor de los casos con desarrollo fatal.

Es asimismo el órgano más extenso del cuerpo humano. Actúa como envoltorio y como tal, es fácilmente ostensible, permitiendo así la realización de diagnósticos en muchos casos mediante la simple observación y corriendo con la ventaja de estar al alcance para palparlo y así poder mensurar sensibilidad, temperatura, elasticidad y la presencia de lesiones tumorales.

Es también de fácil acceso para la realización de estudios complementarios, como hisopados y biopsias para estudios infectológicos e histológicos en caso de ser necesarios.
A los métodos diagnósticos antes mencionados debemos agregar las imágenes de partes blandas, los marcadores inmunohistoquímicos e inmunogenéticos que permiten al profesional realizar diagnósticos de certeza en la mayor parte de los casos que se presentan en la consulta.

En muchas ocasiones la piel es la vidriera que nos muestra a través de alteraciones en su superficie (signos o síntomas) la presencia de patologías de otros órganos. La sospecha diagnóstica temprana permite la derivación y el tratamiento adecuado de la enfermedad.

La piel es mucho más que el envoltorio responsable de la belleza, con funciones vitales y como tal debe ser cuidado.
El dermatólogo es el profesional que le dirá como hacerlo. Una consulta periódica le permitirá prevenir circunstancias no deseadas y tener una buena calidad de vida, aún padeciendo una enfermedad crónica dermatológica.

Hay carreras paramédicas que por lo tanto no requieren el título médico, que también trabajan sobre aspectos ligados al órgano piel, con terapias complementarias cosmiátricas, generalmente destinadas al embellecimiento cutáneo y cuya labor debe estar supervisada o indicada por un médico dermatólogo, exceptuando el maquillaje llevado a cabo por las cosmetólogas.

Ante la aparición de una lesión en la piel, sea responsable, consulte a un dermatólogo.